jueves, 17 de abril de 2008

[01] [.tip] [.gay] Las caras de la homofobia

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  • Homofobia
  • Javier Sáez · Hartza.com

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La homofobia es una enfermedad psico-social que se define por tener odio a los homosexuales. La homofobia pertenece al mismo grupo que otras enfermedades parecidas, como el racismo, la xenofobia o el machismo. Este grupo de enfermedades se conoce con el nombre genérico de fascismo, y se fundamenta en el odio al otro, entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenazadores para la sociedad, y -lo que es peor- contagiosos.

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gais y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos).

Mientras que a lo largo del siglo XX los movimientos por la igualdad han conseguido importantes avances en los derechos de otros colectivos estigmatizados o excluidos, como las minorías raciales o las mujeres, la homofobia sigue perviviendo en la sociedad impunemente, sin que haya una conciencia colectiva de su peligro. Muestra de esta situación es que, por ejemplo, todavía en muchos países las relaciones homosexuales están penalizadas, se escuchan chistes de mariquitas en los medios de comunicación, lesbianas y gais son agredidos por bandas de neonazis, se hacen redadas policiales en los locales de ambiente gais, y sus derechos no están equiparados a los de las personas heterosexuales. Todo el mundo recuerda que los nazis exterminaron a varios millones de judíos; nadie recuerda que también exterminaron a cientos de miles de homosexuales, y que tras la derrota nazi muchos de ellos siguieron en prisión porque en Alemania (antes y después de la 2ª Guerra Mundial) la homosexualidad era delito. A nadie se le ocurre hoy hacer un chiste antisemita en la radio o en la televisión; en cambio, todas las semanas escuchamos chistes homófobos en estos medios. ¿Por qué?

Porque aún no hay instrumentos suficientes para que la homofobia sea nombrada, pensada, combatida con rotundidad. 1997 fue el Año Europeo contra el racismo y la xenofobia, hubo cientos de actos para concienciar a la sociedad contra estas variantes del fascismo; no se celebró ningún acto contra la homofobia. La Real Academia se ha negado a incluir el término "homofobia" en el diccionario [hasta la 22ª ed., de 2001], tras solicitarlo varias veces distintos colectivos gais y antirracistas.


La homofobia tiene una larga tradición en la historia de la humanidad, no tiene un origen único, ni una cabeza visible, ni un objetivo, ni una razón histórica, está enraizada en diferentes culturas, épocas, clases sociales, instituciones. ¿Cómo combatirla? He aquí algunos frentes:

- Desde la infancia: los niños aprenden de lo que ven y oyen. En un hogar donde los padres (o uno de ellos) son homófobos, donde se escuchan comentarios o insultos contra los homosexuales, se está fomentando la futura homofobia de los niños. Esto tiene dos graves consecuencias para ellos: si el niño/niña tiene deseos homosexuales, se verá traumatizado por ese ambiente hostil y será incapaz de poder asumir con naturalidad su deseo; además -independientemente de su opción sexual- estaremos criando a un futuro homófobo, y reproduciendo por tanto un sistema fascista. Los padres deben tomar consciencia de esta situación.

- Desde la escuela: la escuela es un lugar fundamental de socialización y adquisición de valores; es imprescindible introducir en las escuelas programas educativos tolerantes con las diferemtes opciones sexuales y críticos contra la homofobia, y que los docentes se comprometan en esa misma crítica.

- Desde el lenguaje: el lenguaje cotidiano está lleno de expresiones homófobas, que traducen y legitiman ese estado de odio y agresión: maricón, dar por el culo, bollera, tortillera, ir a tomar por el culo, bujarrón, sarasa, moña... la riqueza del castellano en este ámbito es casi ilimitada, fiel reflejo de nuestra igualmente rica tradición homófoba. Hay que denunciar ese lenguaje, desenmascarando su violencia interna, e incluir el término "homofobia" en el diccionario.

- Desde las instituciones: el Estado, el Ejército y la Iglesia son tres instituciones tradicionalmente homófobas. El Estado aprueba el matrimonio entre parejas de distinto sexo, concediendo unos derechos legítimos a estos ciudadanos, y margina por razones de orientación sexual a otras personas, lo cual es inconstitucional. El Ejército persigue activamente a las personas homosexuales cuando están bajo su jurisdicción, e inculca valores homófobos y machistas. La Iglesia Católica, fiel a su histórica tradición de promotora de exterminios, sigue atacando las relaciones homosexuales con declaraciones agresivas, y promoviendo el odio hacia las personas homosexuales. Lo mismo ocurre con la mayoría de las demás religiones del mundo. Por tanto, hay que exigir a estas instituciones que abandonen sus posiciones homófobas y que colaboren a erradicar la persecución contra gais y lesbianas.

- Desde los movimientos sociales y políticos: los grupos de crítica social, tradicionalmente identificados con el nombre genérico de izquierda (socialismo, comunismo, anarquismo, etc), siempre han dejado de lado el problema de la homofobia, cuando no han participado activamente en ella (Castro, Stalin). Las ONGs antirracistas tampoco han tomado conciencia hasta hace poco de la necesidad de incluir el trabajo contra la homofobia como uno de sus objetivos. Los grupos políticos conservadores siempre han estado a favor de la homofobia (Reagan, Tatcher), financiando a grupos parafascistas homófobos, o rechazando iniciativas legales de igualdad (Felipe González, Aznar).

- Desde el mundo académico-científico: el discurso médico tomó el relevo en el siglo XIX a la religión en la tarea de estigmatizar y reprimir ciertas opciones sexuales: de ahí nace a finales del XIX la categoría de homosexualidad como enfermedad, una de las raíces de la homofobia del siglo XX. Los discursos médicos, psiquiátricos, sociológicos, y de la ciencia en general deben abandonar sus estrategias de segregación y dejar de señalar la homosexualidad como algo específico, desviado, anormal o enfermizo.

- Desde los medios de comunicación: la radio, la prensa, la televisión, transmiten continuamente imágenes y contenidos homófobos. Por ejemplo, cuando hay un asesinato, si el asesino es gai, se incluye este dato como relevante en el titular, si es heterosexual se omite. Esa manera de dar una noticia es abiertamente homófoba, y manipuladora. La radio y la televisión emiten chistes que hacen escarnio y burla de lesbianas y gais, e introducen imágenes pintorescas para ridiculizar a los homosexuales. Los profesionales de estos medios deben comprometerse para abandonar ese tipo de prácticas homofóbicas.

- Desde los propios homosexuales: gais y lesbianas tenemos la responsabilidad de luchar contra la homofobia, organizándonos, manifestándonos, saliendo del armario, perdiendo el miedo, reivindicando nuestros derechos, denunciando las agresiones, haciéndonos visibles para atacar a los homófobos, para que el resto de la sociedad sepa que existimos y entienda que la lucha contra el fascismo es una lucha de todos.

"Se llevaron a los gais, pero como yo no lo era, no me importó.
Ahora se me llevan a mí, pero ya es tarde"
Este es el verso que Brecht olvidó incluir en su poema.


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[02] [.tip] [.les] Las caras de la lesbofobia

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Por supuesto, muchos de los casos incluidos en estas páginas bajo el epígrafe de “Las caras de la homofobia” incluyen también lesbofobia. Si los términos homosexualidad, homosexual y homofobia no entienden, en principio, de género, hace tiempo que organizaciones como EHGAM apuestan por diferenciarlos de lesbianismo, lesbiana y lesbofobia, porque son ellas mismas las que no quieren quedar ocultas en nuestro propio discurso.

EHGAM ha sido uno de los primeros colectivos en utilizar públicamente el término lesbofobia, editando una pegatina al respecto. El objetivo es conseguir la visibilidad de las lesbianas en todo momento y lugar, empezando por el mismo activismo. Como es bien sabido, las lesbianas, en cuanto mujeres, son doblemente discriminadas.

Por lo tanto, podríamos decir que la lesbofobia incluye siempre un doble odio: al odio a la homosexualidad acompañado de una especial dosis de machismo. El macho, heterosexual por definición, no puede tolerar que una mujer no sólo no esté a su servicio, sino que además pueda vivir plenamente sin necesitarlo para nada. En cambio el hombre homosexual le es necesario para reafirmarse en su “masculinidad” y mantener su rol de dominación; de ahí que se ensañe con su “mariquita”, “marica” y “maricón”.

Pero también hay que indicar que las lesbianas sufren, generalmente, marginación dentro de las comunidades homosexuales, sus colectivos y medios de comunicación, debido a una marcada misoginia de los hombres gays, que reproducen los roles sexistas.

Durante los últimos años las lesbianas van adquiriendo cierto protagonismo, aunque todavía no hay una presencia pública suficiente y constante, ni caras conocidas que puedan convertirse en claros referentes sociales. Sin embargo, durante los últimos tiempos están consiguiendo aparecer en los medios de comunicación, debido sobre todo a temas ligados a la convivencia en pareja, maternidad, adopciones y formación de familias.

La modificación del Código Civil para ampliar el matrimonio a las parejas del mismo sexo supuso un hito por cuanto eliminaba cualquier discriminación. Pero, al final, resultó que sólo era una igualdad aparente al impedir a las parejas lesbianas la consideración automática de madre de los hijos biológicos de la otra cónyuge. Se rectificó con rapidez, pero en el fondo había un claro sustrato de lesbofobia. La ley del matrimonio homosexual también había sido redactada por hombres.

Dos mujeres, Vanesa y Susana, han dado una lección, por el empeño en la defensa de sus derechos frente al juez de Murcia Fernando Ferrín Calamita, que impedía ilegalmente la adopción a una de ellas de la hija biológica de la otra: un trámite de un mes quedaba paralizado por la lesbofobia (en este caso) de semejante calamidad, más apegado a sus prejuicios católicos que a la justicia social. La pareja consiguió que el Consejo General del Poder Judicial lo suspendiera en sus funciones, por no encontrarse en sus plenas facultades mentales. Evidente, efectos de la lesbofobia, y de la homofobia, y de la transfobia.

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  • Fernando Ferrín Calamita

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[03] [.tip] [.xxy] Las caras de la transfobia

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El tema de la transexualidad sigue siendo un tema tabú y existe un gran desconocimiento social de su realidad. La norma heterosexista y heteropatriarcal prefiere mantener en la marginalidad a las personas transexuales, pues cuestionan, por sí mismas, las raíces de su propio sistema.

La imagen de un hombre (transexual) embazado ha levantado ampollas, pues pone en entredicho las bases que parecían incuestionables. Esta imagen plantea las contradicciones de sus discursos sobre género, sexo, rol, reproducción, cuerpo, identidad, etc., y rompe todos los esquemas que intentan imponer.

Lo primero que hay que diferenciar es la orientación sexual de la identidad sexual o de género. El que una persona se sienta diferente a lo que su género biológico o social le presupone no tiene nada que ver con la atracción erótica y sexual que sienta por personas de su mismo o diferente sexo.

Las mujeres transexuales, para despreciarlas aún más son consideradas habitualmente como “maricones”. Incluso hombres transexuales, como Maro, maltratado al grito de “¡Cállate, maricón!” por la Guardia Urbana de Barcelona en Octubre de 2006.

Los medios de comunicación siguen utilizando la identidad biológica para denominar a las personas transexuales en informaciones que suelen presentar grandes dosis de desprecio.

La transfobia es el miedo, odio, rechazo, desprecio a las personas transexuales. Aunque en apariencia lo sufren más las mujeres transexuales que los hombres transexuales, porque se supone que éstos se insertan como uno más en el colectivo dominante, el de hombres Pero basta que un hombre transexual muestre su embarazo para que la transfobia se despliegue con toda su intensidad.

La transfobia se manifiesta de muchas maneras. Los prejuicios y los estereotipos etiquetan socialmente a estas personas, que quedan absolutamente estigmatizadas. Se las discrimina laboralmente, se las desprecia socialmente y sufren rechazo, marginación y aislamiento. Agresiones tanto verbales como físicas son una constante en sus vidas.

La Ley de Identidad de Género, aprobada el 1 de Marzo de 2007, mitiga en parte la situación de las personas transexuales, pero no hay que olvidar que se sigue considerándolas como enfermas: la disforia también es transfobia y el transtorno también implica su patologización.

El derecho a la propia identidad sexual y de género de cualquier persona es incuestionable: todo ser humano tiene derecho a la identidad o identidades que se reconozca para sí mismo, sin que nadie, institución o legislación se lo imponga.

La transfobia se extiende a las personas que sin ser transexuales (porque aceptan las características biológicas de su cuerpo) adoptan cualquier comportamiento, vestimenta, etc., que según el sistema heterosexista no le corresponde.

Travestis, transformistas, transgénero, trans, drags…(cuanto transgreda la heteronorma, incluso locazas o marimachos) sufren también un rechazo transfóbico.

Y también hay que recordar que la intersexualidad o hermafroditismo no son aceptados por la heteronorma, porque rompe su sistema binario de hombre-mujer imprescindible para mantener el poder del macho y su dominación sexista sobre el resto.

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ANVERSO


¡¡¡TODAS!!!

  • Documentación:
  • Transexuales en pie de guerra
  • El corto de José Martret '¡¡¡Todas!!!' retrata el día a día de prostitutas transexuales. El Festival Internacional de Cine de Cannes ya lo ha bendecido.
  • El País, 2008-05-23 # Jordi Mingell · Madrid

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