jueves, 17 de abril de 2008

[00] [.int] Introducción

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Este proyecto (que incluye, además de esta página web, una exposición y un catálogo) ni siquiera llega a ser una breve historia sobre la homofobia, la lesbofobia y la transfobia y, como no podría ser de otra forma, del machismo y del heterosexismo que tan íntimamente están ligados a aquellas. Se trata únicamente de presentar algunos casos que no son sino diferentes caras de un mismo fenómeno.

Necesitaríamos muchísimas páginas, demasiadas, para intentar esbozar una breve historia del heterofascismo: han sido tantas las agresiones, los crímenes, las mutilaciones, las atrocidades… que se han cometido a lo largo de los siglos contra quienes se han atrevido a transgredir “su” (hetero)norma que la tarea de recordarlo resulta inabarcable.

Nuestro propósito es, pues, otro: recoger un centenar de casos que tratan todo ese odio desatado contra “lo diferente” desde distintos ángulos, pero en cuya base siempre encontramos una misma intransigencia.

Este recorrido es un homenaje a quienes lo han sufrido en el pasado, lo sufren en el presente y lo vayan a sufrir en el futuro. Se lo dedicamos a cuantas personas, hombres, mujeres, transexuales, transgénero, intersexuales o cuanto sean o quieran ser, han sido y son asesinadas por su orientación sexual; a cuantas han sido y son insultadas por su condición o por parecerlo; a cuantas han sido y son agredidas, encarceladas, desterradas, humilladas… por querer vivir lo que sienten. Y también a cuantas guardan silencio y no se atreven a manifestar sus verdaderos sentimientos por miedo.

Para representar a todas estas personas queremos nombrar a Francis, Vicente Vadillo Santamaría, “un hombre vestido de mujer” asesinado el 10 de Junio de 1979 en Errenteria, a Sonia Rescalvo Zafra, una mujer transexual de 46 años asesinada el 6 de Octubre de 1991 en Barcelona, a Matthew Shepard, un joven de 22 años que murió el 12 de Octubre de 1998 en Estados Unidos a consecuencia de la brutal paliza que recibió días antes, y a una mujer de la que no sabemos más que tenía 29 años y que fue apedreada en público hasta la muerte el 24 de Abril de 2005 en Afganistán. Sus historias están en estas páginas y no son más que una muestra de la brutalidad del heterofascismo.

Cuando EHGAM, el Movimiento de Liberación Gay-Les de Euskal Herria, ha cumplido ya 30 años, queremos también dedicar este proyecto a todas las personas que un día se levantaron, que un día dijeron basta y decidieron luchar por la liberación. Su testimonio nos llena de orgullo, porque nuestra situación en poco se parece a la de entonces.

Pero hay que seguir recordando que “las caras de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia” siguen reproduciéndose sin cesar, como aquellas de Bélmez. Y hoy en día, por difícil que cueste creerlo, sigue habiendo agresiones hasta en nuestras sociedades más “civilizadas”. Y cómo olvidar tantas partes de este mundo donde se sigue asesinando, encarcelando, torturando…

Porque confiamos que un futuro mejor está en manos de la chavalería y la juventud de hoy y porque el camino es la educación, deseamos que este recorrido por la infamia se convierta en un material didáctico para seguir profundizando en estas cuestiones también en el aula.

Aunque la presentación es cronológica, la lectura puede comenzar en cualquier apartado y seguir por cualquier otro: cada caso se presenta de forma independiente y a su vez relacionado con otros. Creemos que puede convertirse en una herramienta eficaz para abordar la homosexualidad, el lesbianismo o cualquier expresión de la sexualidad humana, así como la transexualidad, la intersexualidad y otras cuestiones de la identidad sexual.

“La educación es el camino”, insistimos con uno de nuestros lemas. Resultará imprescindible abordar estas temáticas en asignaturas como Educación para la Ciudadanía, pero deseamos un abordaje más complejo y transversal, porque en ello está conseguir una sociedad más justa e igualitaria y más respetuosa con la diversidad y la diferencia. En vuestras manos está.

17 de Mayo de 2008
Julen Zabala · EHGAM

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[01] [.tip] [.gay] Las caras de la homofobia

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  • Homofobia
  • Javier Sáez · Hartza.com

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La homofobia es una enfermedad psico-social que se define por tener odio a los homosexuales. La homofobia pertenece al mismo grupo que otras enfermedades parecidas, como el racismo, la xenofobia o el machismo. Este grupo de enfermedades se conoce con el nombre genérico de fascismo, y se fundamenta en el odio al otro, entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenazadores para la sociedad, y -lo que es peor- contagiosos.

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gais y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos).

Mientras que a lo largo del siglo XX los movimientos por la igualdad han conseguido importantes avances en los derechos de otros colectivos estigmatizados o excluidos, como las minorías raciales o las mujeres, la homofobia sigue perviviendo en la sociedad impunemente, sin que haya una conciencia colectiva de su peligro. Muestra de esta situación es que, por ejemplo, todavía en muchos países las relaciones homosexuales están penalizadas, se escuchan chistes de mariquitas en los medios de comunicación, lesbianas y gais son agredidos por bandas de neonazis, se hacen redadas policiales en los locales de ambiente gais, y sus derechos no están equiparados a los de las personas heterosexuales. Todo el mundo recuerda que los nazis exterminaron a varios millones de judíos; nadie recuerda que también exterminaron a cientos de miles de homosexuales, y que tras la derrota nazi muchos de ellos siguieron en prisión porque en Alemania (antes y después de la 2ª Guerra Mundial) la homosexualidad era delito. A nadie se le ocurre hoy hacer un chiste antisemita en la radio o en la televisión; en cambio, todas las semanas escuchamos chistes homófobos en estos medios. ¿Por qué?

Porque aún no hay instrumentos suficientes para que la homofobia sea nombrada, pensada, combatida con rotundidad. 1997 fue el Año Europeo contra el racismo y la xenofobia, hubo cientos de actos para concienciar a la sociedad contra estas variantes del fascismo; no se celebró ningún acto contra la homofobia. La Real Academia se ha negado a incluir el término "homofobia" en el diccionario [hasta la 22ª ed., de 2001], tras solicitarlo varias veces distintos colectivos gais y antirracistas.


La homofobia tiene una larga tradición en la historia de la humanidad, no tiene un origen único, ni una cabeza visible, ni un objetivo, ni una razón histórica, está enraizada en diferentes culturas, épocas, clases sociales, instituciones. ¿Cómo combatirla? He aquí algunos frentes:

- Desde la infancia: los niños aprenden de lo que ven y oyen. En un hogar donde los padres (o uno de ellos) son homófobos, donde se escuchan comentarios o insultos contra los homosexuales, se está fomentando la futura homofobia de los niños. Esto tiene dos graves consecuencias para ellos: si el niño/niña tiene deseos homosexuales, se verá traumatizado por ese ambiente hostil y será incapaz de poder asumir con naturalidad su deseo; además -independientemente de su opción sexual- estaremos criando a un futuro homófobo, y reproduciendo por tanto un sistema fascista. Los padres deben tomar consciencia de esta situación.

- Desde la escuela: la escuela es un lugar fundamental de socialización y adquisición de valores; es imprescindible introducir en las escuelas programas educativos tolerantes con las diferemtes opciones sexuales y críticos contra la homofobia, y que los docentes se comprometan en esa misma crítica.

- Desde el lenguaje: el lenguaje cotidiano está lleno de expresiones homófobas, que traducen y legitiman ese estado de odio y agresión: maricón, dar por el culo, bollera, tortillera, ir a tomar por el culo, bujarrón, sarasa, moña... la riqueza del castellano en este ámbito es casi ilimitada, fiel reflejo de nuestra igualmente rica tradición homófoba. Hay que denunciar ese lenguaje, desenmascarando su violencia interna, e incluir el término "homofobia" en el diccionario.

- Desde las instituciones: el Estado, el Ejército y la Iglesia son tres instituciones tradicionalmente homófobas. El Estado aprueba el matrimonio entre parejas de distinto sexo, concediendo unos derechos legítimos a estos ciudadanos, y margina por razones de orientación sexual a otras personas, lo cual es inconstitucional. El Ejército persigue activamente a las personas homosexuales cuando están bajo su jurisdicción, e inculca valores homófobos y machistas. La Iglesia Católica, fiel a su histórica tradición de promotora de exterminios, sigue atacando las relaciones homosexuales con declaraciones agresivas, y promoviendo el odio hacia las personas homosexuales. Lo mismo ocurre con la mayoría de las demás religiones del mundo. Por tanto, hay que exigir a estas instituciones que abandonen sus posiciones homófobas y que colaboren a erradicar la persecución contra gais y lesbianas.

- Desde los movimientos sociales y políticos: los grupos de crítica social, tradicionalmente identificados con el nombre genérico de izquierda (socialismo, comunismo, anarquismo, etc), siempre han dejado de lado el problema de la homofobia, cuando no han participado activamente en ella (Castro, Stalin). Las ONGs antirracistas tampoco han tomado conciencia hasta hace poco de la necesidad de incluir el trabajo contra la homofobia como uno de sus objetivos. Los grupos políticos conservadores siempre han estado a favor de la homofobia (Reagan, Tatcher), financiando a grupos parafascistas homófobos, o rechazando iniciativas legales de igualdad (Felipe González, Aznar).

- Desde el mundo académico-científico: el discurso médico tomó el relevo en el siglo XIX a la religión en la tarea de estigmatizar y reprimir ciertas opciones sexuales: de ahí nace a finales del XIX la categoría de homosexualidad como enfermedad, una de las raíces de la homofobia del siglo XX. Los discursos médicos, psiquiátricos, sociológicos, y de la ciencia en general deben abandonar sus estrategias de segregación y dejar de señalar la homosexualidad como algo específico, desviado, anormal o enfermizo.

- Desde los medios de comunicación: la radio, la prensa, la televisión, transmiten continuamente imágenes y contenidos homófobos. Por ejemplo, cuando hay un asesinato, si el asesino es gai, se incluye este dato como relevante en el titular, si es heterosexual se omite. Esa manera de dar una noticia es abiertamente homófoba, y manipuladora. La radio y la televisión emiten chistes que hacen escarnio y burla de lesbianas y gais, e introducen imágenes pintorescas para ridiculizar a los homosexuales. Los profesionales de estos medios deben comprometerse para abandonar ese tipo de prácticas homofóbicas.

- Desde los propios homosexuales: gais y lesbianas tenemos la responsabilidad de luchar contra la homofobia, organizándonos, manifestándonos, saliendo del armario, perdiendo el miedo, reivindicando nuestros derechos, denunciando las agresiones, haciéndonos visibles para atacar a los homófobos, para que el resto de la sociedad sepa que existimos y entienda que la lucha contra el fascismo es una lucha de todos.

"Se llevaron a los gais, pero como yo no lo era, no me importó.
Ahora se me llevan a mí, pero ya es tarde"
Este es el verso que Brecht olvidó incluir en su poema.


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[02] [.tip] [.les] Las caras de la lesbofobia

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Por supuesto, muchos de los casos incluidos en estas páginas bajo el epígrafe de “Las caras de la homofobia” incluyen también lesbofobia. Si los términos homosexualidad, homosexual y homofobia no entienden, en principio, de género, hace tiempo que organizaciones como EHGAM apuestan por diferenciarlos de lesbianismo, lesbiana y lesbofobia, porque son ellas mismas las que no quieren quedar ocultas en nuestro propio discurso.

EHGAM ha sido uno de los primeros colectivos en utilizar públicamente el término lesbofobia, editando una pegatina al respecto. El objetivo es conseguir la visibilidad de las lesbianas en todo momento y lugar, empezando por el mismo activismo. Como es bien sabido, las lesbianas, en cuanto mujeres, son doblemente discriminadas.

Por lo tanto, podríamos decir que la lesbofobia incluye siempre un doble odio: al odio a la homosexualidad acompañado de una especial dosis de machismo. El macho, heterosexual por definición, no puede tolerar que una mujer no sólo no esté a su servicio, sino que además pueda vivir plenamente sin necesitarlo para nada. En cambio el hombre homosexual le es necesario para reafirmarse en su “masculinidad” y mantener su rol de dominación; de ahí que se ensañe con su “mariquita”, “marica” y “maricón”.

Pero también hay que indicar que las lesbianas sufren, generalmente, marginación dentro de las comunidades homosexuales, sus colectivos y medios de comunicación, debido a una marcada misoginia de los hombres gays, que reproducen los roles sexistas.

Durante los últimos años las lesbianas van adquiriendo cierto protagonismo, aunque todavía no hay una presencia pública suficiente y constante, ni caras conocidas que puedan convertirse en claros referentes sociales. Sin embargo, durante los últimos tiempos están consiguiendo aparecer en los medios de comunicación, debido sobre todo a temas ligados a la convivencia en pareja, maternidad, adopciones y formación de familias.

La modificación del Código Civil para ampliar el matrimonio a las parejas del mismo sexo supuso un hito por cuanto eliminaba cualquier discriminación. Pero, al final, resultó que sólo era una igualdad aparente al impedir a las parejas lesbianas la consideración automática de madre de los hijos biológicos de la otra cónyuge. Se rectificó con rapidez, pero en el fondo había un claro sustrato de lesbofobia. La ley del matrimonio homosexual también había sido redactada por hombres.

Dos mujeres, Vanesa y Susana, han dado una lección, por el empeño en la defensa de sus derechos frente al juez de Murcia Fernando Ferrín Calamita, que impedía ilegalmente la adopción a una de ellas de la hija biológica de la otra: un trámite de un mes quedaba paralizado por la lesbofobia (en este caso) de semejante calamidad, más apegado a sus prejuicios católicos que a la justicia social. La pareja consiguió que el Consejo General del Poder Judicial lo suspendiera en sus funciones, por no encontrarse en sus plenas facultades mentales. Evidente, efectos de la lesbofobia, y de la homofobia, y de la transfobia.

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  • Fernando Ferrín Calamita

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